TVE consiguió hacer una gala a la altura de las circunstancias

Por fin parece que las cadenas, o al menos la cadena, hacen caso a todas las críticas que recibe un espacio y lo mejoran justamente en los puntos en los que más flojeaba. Este ha sido el caso de televisión española con las galas de preselección a eurovisión, que pasaron del esperpento del sábado anterior a la normalidad que un evento como este merece.
Un mejor sonido, aunque muy lejos de ser brillante, una duración justa o un escenario más amplio han sido algunas de las críticas que el ente público ha aceptado y ha puesto en práctica, dando lugar a una correcta gala en la que lo peor ha sido las actuaciones que, evidentemente, no podían ser cambiadas.
De esta forma, pudimos ver un espectáculo digno y no aquel esperpento de la primera semifinal del que, quizás, yo he echado en falta esos votos individuales del jurado que contenían un cierto interés. Pero con la rebaja total del papel de los jurados estas votaciones al igual que otras tantas cosas se suprimieron y sólo pudimos verles en pantallas unos pocos minutos, nada reprochable por otro lado.
En fin, que me alegro de que se empiece a contar con el público a la hora de aceptar las críticas y no se vaya por libre. Eso sí, aún falta que se elimine esa patética y ridícula entrada de Alaska como una reina que queda fatal.



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